El ergotismo es una micotoxicosis causada por el consumo de granos (y alimentos elaborados con ellos) contaminados por el hongo Claviceps purpurea, parásito de diversas gramíneas. En la Edad Media se produjeron importantes epidemias de ergotismo que se conocían como el “fuego sagrado” o “fuego de San Antonio”. El hongo causante de estos brotes se conoce como “cornezuelo del centeno” debido a la frecuente vinculación del ergotismo humano con el consumo de pan y bebidas derivadas del centeno, aunque se puede encontrar en muchas otras especies de gramíneas cultivadas y silvestres.
La primera noticia fehaciente está fechada en 1.039 en la ciudad francesa de Dauphiné donde está enterrado San Antonio, santo famoso por sus visiones demoníacas, protector de la epilepsia, el fuego y las infecciones. Fue en aquellos tiempos que los frailes de la Orden de San Antonio crearon hospitales para cuidar específicamente a los enfermos de ergotismo. Llevaban un hábito oscuro con una gran “T” azul en el pecho.
La necrosis de los tejidos y la aparición de gangrena, así como las alucinaciones, convulsiones y contracciones arteriales previas a ellas se combatían en la época con la ingesta de pan de trigo y las peregrinaciones a Santiago de Compostela.
Con estos orígenes resulta clara la asociación del fuego purificador y conmemorativo a la figura de San Antonio, pero existe la sospecha de tener un precedente mucho más antiguo: los Misterios Eleusinos que se originaron en Grecia en torno al 1500 a.C. y se celebraron anualmente durante unos dos mil años. Su poder parece que procedía de la utilización del cornezuelo del centeno como agente psicodélico ya que contiene amida del ácido lisérgico que es un precursor del LSD.
Sea como fuere, las hogueras en honor a San Antonio se conservan en la tradición de muchos pueblos, una tradición que a mediados de Enero reúne alrededor del fuego, el humo, los caballos y los personajes mágicos a pobladores y turistas.