China

Estas son mis impresiones del viaje que hicimos mi esposa Tere y yo a China durante la primera quincena e Agosto de 2.006.

No fue un viaje fotográfico propiamente dicho, sino un tour organizado que si bien resta posibilidades, garantiza confort y aprovechamiento del tiempo. Sea como fuere, hemos traído más de 5.000 fotos y unas impresiones imborrables.

30.07.06 Empieza el viaje
Es curioso, en la tarde de ayer me preguntaba a mi mismo si efectivamente hacer este viaje era lo adecuado.

Vaya, que me entró la pereza y me dió por cuestionar el viaje e inventarle alternativas más sosegadas y más económicas. Vanos pensamientos porque a estas alturas del partido no hay forma de parar.

De todas formas hemos empezado mal. El tren que nos lleva a Madrid nos ha tenido que esperar. ¡Qué pachorra! Salir de casa 10 minutos antes de que salga el tren.

Semáforos en rojo, carreras urbanas, maldiciones a gritos, puñetazos en el volante y sobre todo insultos a la propia escasa inteligencia... por que las alternativas eran demenciales.

Finalmente estamos en el tren. Espero que este inicio tan desganado nos sirva de acicate.

Por cierto, ninguno de mis dos hijos con carnet de conducir nos ha podido llevar a la estación. El uno preveía estar tan borracho que no garantizaba su asistencia. La otra consideraba que las 6:30 era muy temprano para entrar en casa aunque fuera para volver a salir.

¿Cómo era lo de los cuervos?

Alaris, llegando a Valencia 07:29 am



31.07.06 Pekín

Nublado en París y nublado en Pekín. Acaba de caer un chaparrón que ha montado un atasco kilométrico para llegar al aeropuerto. Tampoco se puede salir, si no llegan taxis o autobuses la gente tendrá que esperar. Como nosotros.

Al final, solución salomónica: Han hecho un bypass para evitar el subterráneo inundado a través de las pistas del aeropuerto y la han delimitado con otra solución que se demostrará muy china; cono y soldado, cono y soldado y tanto unos como otros en posición de firmes.

Lo veremos más veces. Los soldados que hacen guardia allá donde estén, están firmes. Aquí no descansa nadie. Curiosa filosofía y primera cosa en que pensar.

A las dos llegamos al Hotel, a las dos y veinte intentamos tragar un pastel y un café con leche porque a la media salimos a ver el Palacio de Verano. Bonito nombre con la que acaba de caer y lo nublado que está esto.

Ya sabíamos que China era, este verano, uno de los destinos estrella para los españoles, lo que no sabíamos es que China es el destino favorito de los chinos que inundan literalmente los lugares que vamos a visitar.

Fotos y más fotos, la mayoría sin ton ni son, porque todavía no tengo una idea de lo que quiero hacer (además de postalitas viajeras). Se está poniendo bonita la luz que se tamiza a través de una bruma que va a ser la constante del viaje, pero a las seis cierran y nos quedamos sin disfrutarla.

La diferencia horaria, en verano, es de más seis horas, pero debería ser más porque el Sol se pone a las siete y media y eso los chinos lo solucionan adelantando su vida. Madrugan mucho, comen sobre el mediodía y cenan ya a partir de las cinco o las seis.

Bueno, hoy no viene mal retirarse pronto. Cenamos en el hotel y a las diez estamos en la cama. Pero se oyen ruidos y me asomo por la ventana para comprobar con admiración que esta gente trabaja día y noche; al menos en la construcción del edificio que hay delante del hotel. A turnos las veinticuatro horas... así se va deprisa.

Y, ¿que hemos visto de la ciudad?; pues una cuidad de estilo europeo, con grandes avenidas, autopistas, rascacielos y publicidad, mucha publicidad de marcas mundiales y otras que no entiendo. La construcción a velocidad de crucero, o si me apuráis, esprintando. Las casas viejas en demolición o cerca de ella para dejar paso a solares en los que brotarán nuevos rascacielos a cual más atrevido y singular.

Claro que lo del idioma tiene algo de guasa, el mandarín escrito en caracteres chinos queda muy bonito, pero esas casitas llenas de muñequitos que parecen las letras no hay forma de identificarlas con nada. Para eso hay una especie de trascripción fonética al alfabeto occidental, pero hay una para el español y otra para el inglés (Pekín, Beijing) y en muchas ocasiones la misma para los dos, así que haré lo que pueda para no confundir.

Eso si no me confunden antes a mí, porque la última dinastía imperial, la Qing, se pronuncia Ching y yo no sé a quién reclamar esta chapuza de trascripción.

Days Hotel & Suites Beijing, 09:49 pm hora local



01.08.06 Pekín

Hoy será el día fuerte de las visitas y empezaremos con la Plaza de Tiananmen (天安門廣場), pero antes de llegar me fijo en que hay dos tipos de coches por las avenidas (Pekín tiene cinco cinturones de ronda), los taxis y vehículos policiales que son Volskwagen Santana (ya sabemos a donde fue la planta que los fabricaba en Europa) y los demás que son cochazos de marca, Mercedes, BMW, grandes todoterrenos y algún japonés o coreano.

Si hoy los automóviles pertenecen sólo a los ricos y el tráfico ya es denso, a pesar de las grandes avenidas de varios carriles en cada sentido, ¿qué van a tener que hacer para que circulen dos o tres coches por familia como sucede en España?.

Los chinos presumen de que la Plaza de Tiananmen es la mayor plaza urbana del mundo. Es muy posible, porque a ras del suelo no se aprecian nada más que edificios más bien lejanos y un mar de personas yendo de acá para allá. Bueno, una cantidad muy importante de esas personas forman una gran cola para visitar el Mausoleo de Mao Zedong (ya estamos con las trascripciones).

Nosotros nos conformaremos con ver su retrato en el lado norte de la plaza, el que se abre a la Ciudad Prohibida, nuestro próximo destino.

Entramos en sus muros y uno no tiene más remedio que apabullarse, por la grandeza de las construcciones y por las miríadas de turistas que, armados de una compacta por cabeza, nos dan -y reciben- los obligados codazos que toda aglomeración que se precie debe tener.

Menos más que las salas, pabellones y palacios -al menos los principales- están cerrados y les damos una ojeada desde fuera. Hace calor y el sol quema, empezamos a sudar, circunstancia que ya no nos dejará en todo el viaje.

Atravesamos la ciudad Prohibida de Sur a Norte en una sucesión de sube escaleras, mira el palacio, baja escaleras; sube escaleras, mira el palacio, baja escaleras. Así a cualquiera se le abre el apetito y vamos con nuestra primera comida china.

Sí, habéis acertado, redondelito giratorio en medio y palillos. Reconozco que me llevo mejor con los segundos que con el primero. No sé que ocurre que siempre me tocan las acelgas hervidas y no es como para descuidarse que las proteínas son pocas y en trocitos pequeños...

Para la sobremesa una de las contradicciones de los turistas, las visitas comerciales. Esas que con una falsa apariencia de fábrica artesana de lo que sea, seda, perlas, etc. acaban en un hipermercado. Muchos protestan, más a medida que pasan los días, pero acabamos entrando y disfrutando de la compra impulsiva. Las agencias lo saben y hacen bien en llevarnos.

¿He dicho ya que hace calor?

La siguiente visita es la del Templo de los Lamas. Cuando estás dentro no te das cuenta, pero uno de los cinturones de la ciudad pasa al lado y se ve desde arriba, desmereciendo un poco su importancia. Mejor desde dentro y a ras de suelo y ¿qué vemos?. Pues otra vez nueve sucesiones de escaleras y templos centrales y alguno en los laterales.

Yo no tengo nada en contra del budismo tibetano, como el de este Templo, ni de ningún otro, pero la verdad es que las imágenes me chocan bastante. Unas por cómicas y otras por teatrales. Lo arregla un poco el Buda de 18 metros de altura que hay en el último templo. Claro que me gustaría saber que les parece a los chinos nuestros Cristos y nuestras Dolorosas...

Se está nublando y en la luz del atardecer nos proponen una visita a los Hutongs, los barrios al norte de la Ciudad Prohibida que permanecen tal y como se construyeron hace 200 años y allá vamos, en triciclos de carreras. Se pone a llover y nos entoldan dejando una ranurita para ver el barrio en la semipenumbra. Bueno, flashazo va y flashazo viene para no perder la oportunidad.

En el fondo me alegro, porque esperaba algo más mágico y no lo he visto. La casa que nos han enseñado tiene tres habitaciones y como en la cocina hay otros turistas, nos reciben en el dormitorio de matrimonio con una foto de boda que es un poema, lorquiano ¡claro está!. El dueño de la casa es como Jackie Chan con el pelo de Juanito Valderrama, unos bla, bla, blas para turistas, un poco de té y membrillo enrollado en forma de caramelos. Los Hutongs.

Y el broche de oro del día será el famoso Pato Laqueado en un legendario restaurante fundado en 1860 con un aparcamiento lleno de coches de lujo aunque a los turistas nos suben al tercer piso. Curioso plato, como debe ser caro, te lo tienes que comer como un taco mexicano y añadirle cebolleta y salsa de soja porque solo debe ser un poco insípido. Un poco decepcionante porque este plato empalidece al lado del Leitão de Bairrada al que se le parece por su piel caramelizada.

Nos daremos cuenta de que habrá otra constante en nuestro viaje; la sandía como único postre. Bueno a veces un poco de un melón pariente del pepino y en este caso unos tomatitos que a primera vista nos parecen dátiles. Los veremos con frecuencia y la verdad es que saben bien.

Dije antes que no tenía nada en contra de los Lamas, es verdad; pero en su Templo la D70 que estaba usando Tere ha sufrido el conocido síntoma del led verde parpadeante que la ha dejado inutilizada.

Ya lo escribí en otra parte, ¿Cómo os atrevéis a viajar con una sola cámara? O seré yo que soy gafe; esta es la tercera vez que me hubiera quedado compuesto y sin cámara.

Days Hotel & Suites Beijing, 11:31 pm hora local



02.08.06 Pekín

Hoy es el gran día, el día de la Gran Muralla.

Claro que no sé que estábamos esperando, tanta fama... porque cuando llegas allí es un poco decepcionante. Te llevan a uno de los tramos más cercanos a Pekín y que está completamente restaurado, pero también perfectamente preparado para las visitas turísticas. Un gran aparcamiento de autobuses, los millones de chinos y extranjeros que van a lo mismo y un buen tramo de muralla empinada para los dos lados.

La gente loca por escalarla, como si fuera un mérito, y está verdaderamente empinada, tanto con rampas como con escaleras. ¡Hale, a resoplar!.

Nosotros damos un paseo corto, la foto no mejora y para que lo haga me temo que hay que caminar demasiado. Así que volvemos al punto de partida y recordando a Miguel buscamos un lugar donde tomar unas cervecitas.

Tengo hambre y no me lo explico porque hago todas las comidas con apetito hasta saciarme, pero a las pocas horas vuelvo a tener hambre. Debe ser cosa de la dieta china.

Lo de los palillos lo llevo con dolor de tendones, creo que hacemos mal en plantear el tema como una pinza. Tengo que fijarme en como lo hacen los nativos.

No hace falta ningún censo para saber que los chinos son bajitos. Basta con entrar en los urinarios masculinos. La altura de los aparatos sanitarios llega en algunos casos justito para acertar dentro y yo soy bajito. No obstante están creciendo y eso se nota en que en los servicios más antiguos están más bajos y en los más modernos más altos.

Me acordé enseguida de los baños de los McDonald's, en los que hay un urinario para adultos y otro para niños. Los chinos irían al segundo. Me muero de ganas de ir a un McDonald's para ver cómo son aquí.

Al regreso de la Gran Muralla, visitaremos las Tumbas Ming, una especie de Valle de los Reyes del Renacimiento. Quedan tumbas por excavar y algunas historias de enterramientos imperiales recuerdan también a las costumbres egipcias.

No dejan de ser palacios como los que ya hemos visitado, todo arquitectura Ming hasta ahora, tejados y más tejados; columnas y más columnas, escaleras y más escaleras.

No hemos visitado ningún museo y no parece que lo vayamos a hacer en el futuro. Quién haya diseñado estos tours tiene un bajo concepto del turista español, porque visitas comerciales no faltan. Superamos la media de una al día que sería más que razonable.

La de la tarde es, por lo menos, interesante. Una casa de té que nos ofrece una degustación de diferentes variedades y tipos. También ha servido para hacer tiempo para ir a ver la Ópera de Pekín, en versión reducida para turistas, pero con la gran ventaja de que se pueden hacer fotos, y con flash, y si quieres hasta te puedes mover por la sala.

La música un poco chirriante, los actores bastante exagerados, pero el maquillaje, los trajes y la acción que seguimos gracias a una traducción al inglés bastante desfasada en el tiempo nos hacen disfrutar de este reflejo de arte milenario.

Por cierto, como siempre que se hace turismo organizado, no importa el nivel de vida del país visitado; todo nos va a costar como en Europa. Supongo que es el precio de tener el mismo confort que en casa.

La conducción de los pekineses es caótica. Si me hubiera puesto al volante de un coche allí, todavía estaría parado en un cruce llorando por mi impotencia. Ellos consideran las señales y los semáforos como meras sugerencias, sino como adornos urbanos; y conducen como les parece, adelantan por donde quieren, giran por donde les viene bien y cruzan por donde pueden. Es verdad que no van rápidos y es un milagro que no se choquen, un misterio Ming.

Days Hotel & Suites Beijing, 00:17 am hora local del día siguiente



03.08.06 Pekín - Xian

A los chinos les gustan los parques y los gobernantes lo saben, de modo que allá donde pueden y muy a menudo rodeando monumentos y palacios, les montan un parque de dimensiones chinescas.

Es el caso del que visitamos en la mañana de hoy, el Templo del Cielo que está rodeado de un parque de 270 Ha. y a las 9 de la mañana, ya dije que los chinos madrugan, además de los turistas nacionales y extranjeros hay mucha gente diseminada por los jardines -maravillosamente cuidados- haciendo tai-chi, tai-chi con abanicos, tai-chi con espadas, jugando al diábolo, jugando a una especie de badmington pero con los pies, y, asombraos, bailando bailes de salón con una profesionalidad sorprendente.

Creo que su gusto por los parques procede de su gusto por el aire libre y vendrá forzado porque en invierno hace frío y no pueden convivir en la calle. ¿Os acordáis de cuando nuestros abuelos sacaban las sillas a la calle en las noches de verano y charlaban con sus vecinos? Aquí hacen lo mismo. en algunos casos charlan, en otros se apelotonan para ver la tele y algunas veces se tumban a ver las estrellas o las farolas, depende.

El Templo del Cielo es muy interesante porque es redondo, a diferencia de todo lo que hemos visto hasta ahora. Sorprenden las vigas y las columnas de madera que sirvieron para construirlos. Son inmensas y duran desde hace muchos años. Todo es grande, para ir de una parte a otra, recorremos kilómetros.

A lo mejor, esa es otra razón por la que, a menudo, siento hambre.

Por fin, nos anuncian que vamos a ir al Mercado de la Seda. ¡Qué ilusión!¡Marco Polo!¡Los mercadillos orientales!¡Olor a especias y viejos con la cara surcada de historias milenarias!.

Pues, tampoco. Un edificio moderno con 5 ó 6 plantas, aparcamiento para autobuses y dentro, con un confortable aire acondicionado y ascensores, un ordenado montón de puestos de ropa de marca copiada, puestos de caligrafía y jade sintético, joyería de vaya usted a saber y relojes para expertos. Expertos en falsificaciones se entiende.

No importa, somos compradores compulsivos y, entre otras cosas, venimos a esto. Al final del viaje admiraremos este orden y este confort y aquellas llamadas de: ¡Amigo, mila, mila... balato, balato! que preceden a un regateo calculadora en mano -que sirve de bloc de notas-. Dicen que hay que comprar a un quinto o un sexto de la cantidad que los vendedores proponen... Nos avisaron tarde, así que hemos contribuido a estrechar las diferencias entre el Primer y el Tercer Mundo.

¿Tercer Mundo este?, vaya manera de tergiversar las cosas. Con esta complacencia occidental ni nos vamos a enterar de cuando nos adelanten hasta comprarnos a golpe de talonario, respeto, tesón y disciplina.

Bueno, vamos a comer, que parece que se me ha perforado el estómago y lo tengo que rellenar con más acelgas hervidas, arroz blanco, alguna tirita de carne y mucho té. Quiero ser justo, el pescado -¿carpa?- que nos sacan casi en cada almuerzo se vuelve a la cocina intacto. Será que no lo conocemos, que sabe raro, que lo preparan raro, que es de piscifactoría fluvial en un charco de barro bajo los lotos... No sé, pero no se lo come nadie y yo menos.

Volamos a Xi'an, una ciudad mediana que casi dobla la población de Madrid y otro hotelazo, aunque este está algo alejado del centro.

Sheraton Xian Hotel, 10:11pm hora local


04.08.06 Xian

Siguen las visitas comerciales. Ya hasta madrugamos para ir a visitarlas y la de hoy es una fábrica de guerreritos de terracota, pero que también parece que hace muebles lacados con incrustaciones de hueso y jade y acaba en un hipermercado de confección. Se van superando.

Anoche cenamos en el Hotel y se me olvidó -y ya veréis por qué- contaros la aventura del happy hour. Resulta que junto con los sandwiches pedí un par de cervezas. La chinita sonriente me dijo que al ser jueves, la cerveza estaba en 2x1. Así que le dije que trajera un par pensando en lo bien que me resultaría recibir otro par de tercios de regalo.

Dicho y hecho. Aparece la chinita con dos tanques de litro (eso era lo que estaba de oferta) y cuando me los bebí -Tere se mojó los labios-, apareció con dos más. A mi que me han contado la posguerra, me parece mal dejarme nada en la mesa. Acabé con los cuatro tanques y me volví muy sincero a la par que soñoliento. A pesar de que había música en vivo en el bar, preferí la música de los angelitos.

Nos íbamos, antes de la digresión cervecera, a ver a los Guerreros de Terracota, los de verdad, y como su descubrimiento es reciente, los edificios que los albergan también lo son, aunque más que edificios deberíamos hablar de hangares.

Caminando hacia el primero de ellos nos sorprendió que en los jardines hay un grupo de operarios agachados quitando las malas hierbas del césped con la mano, una a una. Y uno siente compasión, porque hace calor y los jardines son inmensos, como todo por aquí.

Seguimos rodeados de turistas chinos, también están los españoles. Ambos grupos son ruidosos. Dentro de los hangares los archiconocidos guerreros; unos completos, otros en puzzle y otro directamente hechos añicos y revueltos por el suelo. Si quedan otros 6.000 por excavar, aquí hay becas para arqueólogos hasta el año tres mil.

Volvemos a perdernos los museos, no están en el programa, pero intuyo que nos estamos perdiendo algo importante.

Xian es otra ciudad que apabulla. Como Pekín está llena de grandes avenidas, circunvalaciones, jardines, parques y rascacielos modernísimos, de los que se siguen construyendo a toda velocidad. El tráfico es incluso peor que en la capital y cruzar un paso de cebra es un deporte de alto riesgo, como el puenting.

Nos sigue llamando la atención lo limpio que está todo y parece que se conjugan dos cosas: Que se ensucia poco (hay papeleras y ceniceros con profusión) y que se limpia mucho aunque por el hecho de que estos barrenderos urbanos lleven mascarilla deduzco que de vez en cuando se deben encontrar con algún cadáver.

Hoy vamos a almorzar a un teatro que por las noches da cenas con espectáculos típicos de la dinastía Tang (En Pekín domina lo Ming, mientras que aquí lo hace lo Tang). Ahora hay un buffet que atacamos en sus últimos momentos porque es muy tarde para el horario chino.

Seguimos con un calor importante, bebemos litros que sudamos a continuación y me temo que también colaboramos a que haya una persistente neblina que lo rodea todo.

De la Pagoda de la Gran Oca Salvaje, destacaría el nombre. ¡Hay que ver qué imaginación y que riqueza de vocabulario!, pero también merece una mención la propia pagoda y al ser un lugar abierto al culto budista, nos mezclaremos con sus fieles y disfrutaremos de sus liturgias.

Xian también tiene una Muralla, grande y larga (12 km.) que encerraba el casco antiguo y que se ha conservado perfectamente. Visitarla sorprende, quizás tanto o más que la Gran Muralla. y puede recorrerse por arriba, a pie, en bicicleta o cochecito para turistas.

Pasearemos por fin por la calle de la Caligrafía, con tiendas y puestecitos ambulantes que a esta hora del día resulta muy agradable.

Nos vamos a retirar pronto, el cansancio empieza a aparecer y uno tiene ganas de estar solo un rato.

Sheraton Xian Hotel, 08:47pm hora local

 

05.08.06 Xian - Guilín

Hoy va a ser un día tranquilo. Volaremos a Guilin y por la mañana no hay nada programado. Eso es bueno en un viaje tan largo, un poco de pausa para mirar en el calendario qué día es hoy...

China tiene cosas diferentes a las nuestras, ya os vais dando cuenta. Con los números también tienen sus peculiaridades y, así por ejemplo, el cero no se usa con lo que la planta baja de cualquier edificio es el piso 1, lo cual tiene mucho sentido porque el cero es una entelequia matemática, significa nada. Bajar en el ascensor hasta el cero debería dejarnos en el vacío, o en un limbo -al menos para poder volver-.

Sin embargo, los aviones tienen fila 13 cosa que no sucede en occidente por aquello de la mala suerte.

Con los nombres de las personas sucede algo parecido a lo que os contaba de las trascripciones fonéticas. La gente tiene un nombre chino, escrito con garabatos y con un significado de esos poéticos.

Para poderse relacionar con los occidentales que nos llevamos mal con los monosílabos, adoptan nombres occidentales, algunos elegidos y otros con el significado de su nombre chino. La cosa termina bastante rara y a veces cómica. Como sucede con nuestra guía local de Guilín que se hace llamar "golondrina" y con el tiempo nos acostumbraremos, pero la primera impresión es que es "la mala del Vietcong" porque es de etnia Yuan frente al 90% de los chinos que lo son de la Hang y son los que hemos visto hasta ahora. Golondrina también anda raro y sobre todo al subir las escaleras lo hace abriendo mucho los pies hacia afuera, como si tuviera artritis.

Bueno, hemos llegado a Guilin, es tarde y no hemos comido; así que después de acomodarnos en el hotel (este será el peor del viaje) comemos allí mismo y entre que el día está muy nublado y hoy ha llovido mucho, la tarde sólo da para un paseo y cuatro fotos a oscuras.

Esta es la zona de los paisajes increíbles, el río Li cruza la ciudad que tiene dos lagos y unos cuantos canales. Se nota una ciudad muy turística pero con pocos de los otros recursos como la industria o el comercio que no sea de souvenirs.

No me extraña que las montañas sean verdes, la precipitación media anual es de 1.900
cm3 y lo aprovechan bien para sacar dos cosechas anuales de arroz (una de Mayo a Julio y la otra de Agosto a Octubre).

Sheraton Guilin Hotel, 08:34 pm hora local

 

06.08.06 Guilin

Guilin, léase "güilín" es a donde deseaba llegar. Ángel me había puesto en antecedentes de
los paisajes de esta zona y sus posibilidades fotográficas. Vana ilusión, porque el tour organizado no tiene en cuenta para nada los intereses fotográficos.

En el trayecto en barco desde un poco más abajo de Guilin hasta Yangshou por el río Li, veremos esos paisajes pero con una luz entre nublada y sol de mediodía que no sirve para mucho. De todos modos han sido tres horas de regalar la vista hacia los cuatro puntos cardinales.

Las fotos las encontraré en un libro hecho por un fotógrafo local con cámaras de gran formato y aunque hay una buena colección de fotos memorables, hay otras que van de relleno y eso tranquiliza mi conciencia de fotógrafo fracasado y comodón.

Yangshou será la sorpresa del viaje. Es el Guilin de los mochileros, tiene una calle comercial muy agradable y contratamos una visita a los arrozales. Vale, la visita también es turística y los campesinos han aprendido a posar para los turistas, pero es el momento en que estaremos más cerca de la China agrícola y el paisaje de fondo sigue dando mucho juego, con los reflejos sobre los arrozales; junto con un clima que en media hora pasa de la lluvia cerrada al Sol justiciero.

En una casa de campesinos que visitamos por dentro nos sorprende un ataúd, grande y lujoso. Es frecuente la conversación sobre qué hacen los chinos con sus muertos. Ahora lo sabemos. En las zonas rurales se entierran en algún lugar bonito, con una pequeña lápida y a veces se forman improvisados cementerios en aquellos lugares en que el criterio de los fallecidos o sus familias coinciden en su belleza.

Como no han llegado las compañías de seguros del tipo "El Ocaso", cuando una persona cumple los 60 años, se compra un buen ataúd y lo guarda en su casa esperando la hora de usarlo y quedándose tranquilo porque el principal gasto ya está hecho.

En las zonas urbanas el pragmatismo se impone y son obligatoriamente incinerados -aunque durante el viaje, veremos algún cementerio antiguo-. Ya sé lo que se rumorea y parece que no es cierto; no obstante, siguiendo con los rumores, hemos visto muy pocos perros por la calle.

No, no hemos comido perro. Ese es un manjar reservado a los más pudientes y cuentan que en los restaurantes de lujo, los cachorros están vivos y expuestos, como las carpas, las tortugas o las serpientes, para que el cliente lo elija y le sea cocinado al momento.

Dos animales han copado nuestra atención durante el paseo rural, los búfalos de agua (la fuerza tractora de la zona) y los patos (alimento por excelencia). Veremos también gallinas y un cerdo, tan flaco como los habitantes del país.

Al atardecer, visitaremos en barco los lagos y los canales de Guilin. Está bonito, con las luces de colores, las fuentes y los surtidores; pero es todo falso. Desde las pagodas del Sol y de la Luna, hasta el puente de Brooklin o el Golden Gate en miniatura, las raíces milenarias de un árbol o la música y bailes tradicionales.

Todo un espectáculo para turistas infantiles, del tipo de los que visitan Disneyworld y que son legión.

Nos hacen una demostración de la pesca con cormorán. Si no fuera en este entorno tan plasticoso, sería hasta interesante.

Todos conocemos a los vendedores ambulantes egipcios. Los chinos son menos insistentes y más respetuosos con la negativa. Aún así, molestan un poco.

Al final Guilin me ha parecido algo kitsh, será en venganza por las fotos no conseguidas...

Sheraton Guilin Hotel, 10:51 pm hora local

 

07.08.06 Guilin - Hong Kong

Para ser un día de los de cambio de ciudad, ha sido un día completito. Nos quedaban en Guilin las visitas a la Colina de la Trompa de Elefante -que ya hemos visto por el derecho y por el revés porque está en el centro de Guilin- y la Cueva de la Flauta de Caña.

La primera visita es para recordarnos que los chinos hacen un parque -de pago- alrededor de cada monumento o curiosidad. De modo que si quieres ver bien la colina de enfrente, donde hay un hueco que recuerda el que tiene un elefante entre la trompa y las patas delanteras, tienes que pagar y verte rodeado de vendedores y "servicios turísticos".

La segunda, la cueva, es digna de verse por grande y por bien iluminada. Será un reto sacar alguna foto buena.
Volvemos a almorzar en un restaurante de comida local, los palillos ya van mejor. ¡Gracias!

Antes de ir al aeropuerto y embarcarnos hacia Hong Kong, disfrutaremos de las vistas aéreas del paisaje de Guilin que son espectaculares; me extraña que
Yann Arthus-Bertrand no las haya tomado ya, en un día claro o sumergidas en nubes bajas -no con esta neblina que lo estropea todo-. Bueno, seguramente Arthus-Bertrand lo habrá fotografiado y yo no lo habré visto.


Hong Kong impone nada más bajar del avión. Si bien la China que hemos visto es, en su mayoría, de estilo occidental, esto lo supera. Es como Manhattan. Dicen que hay poco suelo edificable y por eso todo son rascacielos; es posible, pero el skyline de la isla de HK es más que eso, es una declaración formal de grandeza y poderío económicos. También se nota el orden, la limpieza y la civilidad.

El tráfico es más disciplinado, pero el peligro no ha desaparecido porque al conducir por la izquierda, tenemos los gestos cambiados. Como en Londres, las advertencias están pintadas en el asfalto de cada cruce.

Nos alojamos en la península de Kowloon muy cerca de la bahía y tenemos muy fácil pasear por el Paseo de la Fama, remedo oriental del de Los Ángeles siendo aquí la figura indiscutible Bruce Lee. Este paseo está siempre lleno de chinos haciendo fotos, especialmente después de la puesta del sol, con los rascacielos de la isla de HK iluminados.


A las 8 de cada tarde, hay una especie de espectáculo audiovisual con la ayuda de las luces de algunos edificios de enfrente y otros de Kowloon como el Museo del Espacio y de algunos láseres verdes. La verdad es que para las posibilidades que tiene, el espectáculo queda un tanto pobre.

Mañana será otro gran día.... Espero.

Renaissance Kowloon Hotel, 10:06 pm hora local

 

08.08.06 Hong Kong

Me gusta Hong Kong.

Tengo las mismas sensaciones de occidentalidad y seguridad que he tenido en China, pero aumentadas. Según parece, HK cuenta con 34.000 policías para algo más de 7.000.000 de habitantes y lógicamente la proporción aumenta en los lugares céntricos frecuentados por visitantes y turistas.

HK tiene fama de vertical, pero cuando llegas aquí y paseas un poco aprendes el verdadero significado de vertical. La primera llamada de atención sobre este aspecto no fue al aire libre, sino al entrar en la habitación del hotel: Los techos son muy bajos, del orden de los 2 metros y se siente un poco de opresión.

Así que imagino cómo vive la gente en apartamentos de 50 m2, con techos bajos y trabaja en otros rascacielos de las mismas características.

Los hongkoneses son comerciantes hábiles y adaptados a las circunstancias de una ciudad de paso. Os contaré un par de anécdotas a este respecto.

La primera empezó por curiosidad y acabó en compra. Resulta que tengo una boda el 2 de Septiembre, una boda de postín en la capilla del Santo Cáliz de la Catedral de Valencia con cena en el Sidi Saler y hace tres años que no me pongo un traje de chaqueta.

Con este antecedente no es raro que aprovechara la oportunidad de ir a ver a un sastre de Kong Kong (a partir de ahora es "mi" sastre en Honk Kong aunque me gustaría tener otro en Panamá) ya que dicen que son capaces de hacer un traje a medida en 24 horas.

La primera tela que me enseñaron me gustó, elegí el modelo y los detalles. Me propusieron hacer también una camisa y la primera tela que me enseñaron también fue la elegida. Deben saber algo de esto o yo soy un cliente fácil.

Esto ocurría a las dos de la tarde y me citaron a las 7 para la prueba. Así fue y al día siguiente cuando llegamos al hotel, después de cenar, allí tenía el traje. Pero, ¿dónde estaba la camisa?.

Tenía en la funda del traje una etiqueta con el móvil de "mi" sastre. Le llamé, se disculpó por el error y me dijo que mandaba la camisa directamente a mi casa en Castellón. Adelanto acontecimientos, pero cuando regresé del viaje tenía la camisa en casa.

Yo nunca había tenido un traje a medida, nunca las mangas de mis trajes se paraban en la muñeca y ninguno de ellos tenía mi nombre escrito en el interior...


La otra anécdota es la compra de los objetivos que me encargó Higinio. Antes de salir de viaje, indagué en internet sobre las mejores tiendas, los mejores precios y los comercios más surtidos. Así que iba provisto de una lista de tiendas, un mapa y unas instrucciones precisas sobre precios.

Al lado del sastre hay una tienda de foto y vídeo, una tiendecita para ser más precisos y una de las viajeras de nuestro tour entró para ver un mp4. Como tenía cámara de fotos incorporada me llamó para que le aconsejara.

Una vez dentro me dije: voy a preguntar aquí por las lentes de Higinio y tengo una referencia para ir después al barrio alejado donde dicen en internet que se compra bien.

Di las referencias, obviamente no tenían esos objetivos en la tienda, lo escribieron en un papel, se lo dieron a otro empleado que llamó por teléfono y regresó el papel con unos códigos alfabéticos que informaban secretamente del precio.

Pedí esos precios en número y no eran malos, pero si superiores a la mejor compra que podía hacer. Un breve regateo, mucha insistencia en la garantía internacional, un poco más de regateo y tras la autorización del que parecía el jefe me dice que sí a mis precios objetivos. ¡Albricias! me había ahorrado ocupar la tarde viajando en metro hasta Mong Kok.

Le dije al dependiente si quería que le dejase una señal para pasar más tarde a recoger el pedido, pero me dijo que no, que en 10 minutos los tenía allí.

Sorprendido, esperé. Bueno, miento, me compré una Panasonic Lumix FX01 para que Tere pudiera hacer fotos el resto del viaje. Un acierto, por el precio y por el modelo que tiene un zoom que empieza en 28 mm.

Antes de que transcurrieran los 10 minutos aparecieron, como por arte de magia, los objetivos, nuevos, con las cajas sin abrir, con garantía internacional y al precio que Higinio me dio como óptimo.

Yo a esto lo llamo eficiencia. Lo demás son tonterías.

HK es un paraíso de las compras. Desde Tiffany's original hasta Loewe falso. Está todo y al ser puerto franco -no os apuréis, lo será durante 44 años más- está más barato. Tampoco hay exclusivas ni distribuciones. Hay más concesionarios de Rolex en la calle Nathan que en el resto del mundo.

La ciudad es cara para vivir, pero McDonald's es mucho más barato que en Europa. Veo en uno de ellos un anuncio del cucurucho de helado por 25 céntimos de euro.

Con todo lo que he escrito he llegado al final del día sin contaros qué hemos hecho hoy. El tour incluía una visita a la ciudad, pero la ciudad tiene poco que enseñar que no se vea a simple vista. Así que primero hemos ido al pico Victoria, el punto más alto de la isla de HK para ver los rascacielos y la bahía desde otra perspectiva.

De ahí a Repulse Bay, una playa perfectamente acondicionada, pero casi vacía -lo que confirma que a los chinos no les gusta el Sol- y que alberga un templo budista erigido por los antiguos pescadores.

La última visita antes de ir a comer es el puerto de Aberdeen, donde damos un paseo en sampan entre barcos de pesca, barcos-vivienda, yates de lujo y rascacielos exagerados. Este paseo parte y regresa del Jumbo, un restaurante flotante cuyo origen está en la necesidad que tenían los pescadores de antaño que vivían en sus pequeños sampanes sin espacio para recibir visitas ni celebrar acontecimientos. Era un salón flotante y hoy es un gran restaurante.

Por la tarde nos hemos dedicado a las compras y al paseo por Nathan Rd. y hemos cenado en una coqueta taberna irlandesa donde tenían Guiness negra. Una delicia ver que la espuma sigue en la pinta aún después de terminado el líquido.

La cerveza china tiene una espuma muy poco consistente, como las americanas o la coronita. La marca líder es la Tsintao (pronúnciese "chin tao" como cantando) y tiene una botella de 2/3 muy adecuada para los calores de este viaje.

También se encuentran cervezas de importación, en especial Heineken y San Miguel. La cerveza española -que emociona al verla entre las importadas- se fabrica en Filipinas y desde allí se distribuye por todo oriente.

Contaría más cosas, pero os habréis dormido hace algunos párrafos...

Renaissance Kowloon Hotel, 11:53 pm hora local

 

09.08.06 Macao

Hemos decidido emplear la mayor parte del día de hoy en visitar Macao.

Visto que Hong Kong es sólo compras y rascacielos y que al regreso de esta excursión tendremos tiempo para ver escaparates, nos vamos.

Macao está cerca de Hong Kong, al otro lado de la desembocadura del Río de las Perlas y también es una zona administrativa especial de China tras la devolución de ambas por sus respectivas potencias coloniales.

Hay un servicio de jetfoil que en una hora te traslada de una a otra, pero hay que pasar trámites de inmigración al salir y al llegar. Es como el extranjero.

Antes de entrar en detalles, el resumen es que Macao es a Hong Kong como Lisboa es a Londres, o sea más cultura pero menos finanzas. Al final el destino de Macao es el de ser el Las Vegas de Oriente, y vivir de y para el juego. A sus habitantes les parece la mar de bien.

Vemos una virgen ecuménico-sincrética al lado del mar, un centro comercial con una torre inmensa, el templo budista de A Ma que dio nombre al lugar cuando llegaron los descubridores portugueses hace 500 años.

Por alguna razón que no alcanza a entender, nos llevan a ver la frontera con la China continental donde se ha creado una ciudad. Será quizás para reafirmar su superioridad.

Seguramente.


Una de las cosas que más importancia dan los chinos es al número de hijos que pueden tener. Tanto las cinco regiones autónomas como las dos zonas administrativas especiales permiten tener más de un hijo por pareja. en el primero de los casos el motivo es la protección de las minorías étnicas y en el segundo es porque tienen la pasta para mantenerlos.

Nos hablan de la fiebre de los casinos, de que hasta hace poco la única licencia de juego estaba en manos de un habitante de Hong Kong que excuso deciros lo rico que es.

Ahora las licencias están abiertas y está llegando capital de los USA y de Australia para construir nuevos casinos.

Es más, el estrecho que separa las islas de Taipa y Coloane se está desecando para ganar terrenos para construir casinos. Por eso los macaenses están contentos, cada casino u hotel, emplea cuatrocientas personas.

Visitamos también el casco antiguo, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, pero lo encuentro poco puesto en valor excepto la fachada de la iglesia jesuita de San Pablo cuya escalinata de acceso le da perspectiva. La pena es que sólo queda la fachada ya que el templo no se reconstruyó la última vez que fue destruido.

Los barrios residenciales cercanos al puerto, de época colonial, son deprimentes ahora, siete alturas sin ascensor y poco o nada reformados. Necesitarán los casinos porque el salario medio ronda los 400 euros al mes y en esto se parece poco a su vecina Hong Kong.

No obstante, las infraestructuras mejoran, la construcción avanza y también en esta parte de China el progreso es imparable.

Los españoles tenemos la sensibilidad colonial muy lejana, pero se pone uno en la piel de un portugués y se llena uno de nostalgia y tristeza al ver que el portugués se usa sólo como elemento diferenciador en carteles y señales, pero apenas se habla y nadie lo estudia. La moneda local, la pataca, no la hemos visto por ninguna parte.

Me decía una portuguesa con la que tuve la oportunidad de charlar durante el crucero por el río Li que los pocos portugueses que quedan en Macao, todos relacionados con la administración, no quieren volver a la Metrópoli. Yo no lo entiendo porque los "pasteis de natas" que aquí son muy apreciados y forman una palpable herencia, se encuentran muy ricos en el Portugal continental.

Regresamos en el jetfoil y empezamos a ver las advertencias de la llegada de un tifón. Está en grado uno de amenaza y apunta un poco hacia arriba de donde estamos.

Veremos si mañana podemos salir de HK. De momento nos vamos a cenar al Hard Rock Café. ¡Gracias globalización!

Renaissance Kowloon Hotel, 10:37 pm hora local

 

10.08.06 Hong Kong - Hangzhou

Hoy es el día del susto.

Anoche nos retiramos relativamente tarde para lo que acostumbramos por aquí y casi a medianoche recibimos la llamada de unos compañeros de viaje alertándonos sobre la hora de salida de nuestro vuelo. Habíamos quedado con la agencia que nos recogería a las ocho y media ya que el vuelo debía salir a las once treinta y cinco.

Repasamos nuestros billetes y ¡demonios! nuestro vuelo es a las nueve de la mañana. La pareja que nos llamó y nosotros somos los únicos que salimos antes. A estas horas la agencia local no responde al teléfono y desde España poco pueden hacer.

Así que hoy hemos madrugado como chinos y en taxi nos hemos ido al aeropuerto para comprobar con alivio y un poco de disgusto por el madrugón que el vuelo de las nueve estaba cancelado y nos han dado plaza en el del grupo a las once y media. Nos suavizan el mal trago con un vale para desayunar que, a precios internacionales, tenemos que subsidiar para que el estómago no proteste las carencias.

Con tanto tiempo, hemos hecho una inspección de seguridad de este aeropuerto, recorriendo todos los rincones. En su virtud tengo que reconocer que tiene las salas para fumadores más elegantes y pero ventiladas de todas las que hemos visitado.

Estos pequeños campos de refugiados que hay en muchos aeropuertos (en otros ni esto) son una contradicción de los que persiguen a los fumadores por todo el mundo. Si consideran que fumar es malo y que el tabaco mata, ¿por qué lo concentran en espacios reducidos, feos y habitualmente mal ventilados? ¿para aumentar su efecto? ¿para que vomitemos?

Desde que me persiguen fumo peor, con más ansia, más deprisa, disfrutando menos y fumando sin ganas. Si de verdad alguien quiere cuidar de mi salud debería prohibir que me persigan.

Hace muchos años, en los albores del color en la televisión española, emitían un anuncio de Tabacalera donde invitaban a fumar bien y el protagonista del anuncio era un labrador en el campo que detenía su trabajo para saborear un cigarrillo.

Cada vez me acuerdo más de él. Seguro que todavía vive a sus 98 años y lleno de salud.

Hangzhou desde el aire llama la atención por un tipo de construcciones de 3 o 4 pisos que se diseminan por el campo trufando los campos. Luego nos explicarán que es el tipo de viviendas que los campesinos construyen para sus familias ya que tienen un alto poder adquisitivo al cambiar el tradicional cultivo de arroz por las flores o los frutales.

Sorprende que sean unifamiliares. Uno diría que son fincas en condominio.

Nuevamente hemos llegado a una de esas ciudades "medianas" que rondan los cinco millones de habitantes. Y una zona próspera, con industria, comercio y agricultura. Además es bonita, rodeada de lagos y con el río Quiantang recorriendo el centro.

El país es grande y sus ríos también, ya lo dije, pero no paro de sorprenderme de la anchura y el caudal. Estamos en el delta del Yangtze y el agua lo preside todo.

Al atardecer damos un paseo por el centro. Nuevamente grandes avenidas y edificios singulares y monumentales. Esta zona es menos turística y nuestro paseo errático nos permite ser los únicos extranjeros que transitan entre la vida ordinaria de los vecinos de Hangzhou. El principal síntoma de lo que afirmo es el bajísimo nivel de inglés que tienen aquí. Ni siquiera en el Pizza Hut nos entendemos con facilidad.

La CNN nos informará de que el tifón ha alcanzado la costa por esta misma provincia de Zhejiang, pero más al sur, y parece que ha provocado muertos y destrucción. Nosotros no nos hemos enterado de nada.

Zhejian Hotel, 9:21pm hora local

 

11.08.06 Hangzhou

Con la luz del día Hangzhou gana. Es un verdadero paraíso natural, tranquilo y relajante.

Un agradable paseo en barca por el famoso Lago del Oeste, rodeado de un parque público -este gratuito- donde volvemos a ver la práctica del tai chi, los deportes individuales y el baile de salón.

Es una gozada pasear por el parque, con sus lotos, sus carpas anaranjadas, sus villas monumentales.

Otro templo seguirá al parque. El Templo del Alma Escondida, budista y muy antiguo. Reconozco, de nuevo, que son unos fieras para los nombres. O tienen mucha imaginación o su religión les inspira una barbaridad. A las orillas del riachuelo que pasa por allí vemos esculturas sobre la roca a cientos. La gente les reza, como también hace en el interior de este templo, inmenso y monumental, que acoge a una comunidad de monjes budistas de ambos sexos. Probablemente es el que tiene los interiores más ricos de los que hemos visitado.


Hoy hemos comido especialmente bien. En la línea de los anteriores, pero mejores platos. Parece que siempre comemos lo mismo, pero lo cierto es que siempre comemos diferente. Creo que la cocina china es mucho más variada de lo que nos parece en España. Será que pedimos siempre lo mismo y nos da miedo experimentar; o será que, en su intención de ser más rica, en Europa esa cocina es diferente y rechaza los platos más simples como la verdura hervida o salteada. ¿Y las sopas? Todos los días las como con deleite, pero no se me ocurría pedirlas en España.

Hemos notado que o las mesas son muy altas o las sillas muy bajas cuando vamos a comer. Imagino que tiene que ver con la forma en que los chinos comen, acercando muchas veces el plato -o cuenco- a la boca y empujando con los palillos.

Con la tripa llena nos vamos a visitar el símbolo de la ciudad, la Pagoda de las Seis Armonías, con una historia real y una leyenda muy bonita sobre un niño que se rebeló ante el río. Las historias reales son interesantes, pero las leyendas son pura poesía.

De vuelta al hotel, la torpeza de las guías acaba en motín. todo viene porque nos dicen de sopetón que las maletas para el viaje de mañana en tren, deben estar preparadas a las 19:30 horas ¡de hoy!. Ante nuestras protestas airadas, las razones que nos dan, no funcionan.

Seré breve, las guías tenían razón, era lo más conveniente y no ha supuesto gran esfuerzo organizarse para hacer las cosas como nos pedían, pero han sido muy torpes en dar las explicaciones después de la noticia en vez de hacerlo con anterioridad.

Hoy ha sido un día de muchísimo calor. Creíamos que no se podría superar la sensación de Macao, pero no era cierto. Tanto río, tanto lago, tanta agua no hacen más que aumentar la sensación de calor. Nos pasamos el día bebiendo y sudando. La ropa termina empapada.

Los comercios, hoteles, restaurantes, tienen el aire acondicionado funcionando a plena carga. Muchas veces nos sorprenderemos de que tengan las puertas abiertas dejando escapar mucho frío. Es un dispendio, seguramente el único que veremos aquí.

El tifón deja ya un centenar de muertos y otro de desaparecidos. Aquí todo es a lo grande.

Soy consciente de que estamos visitando una parte de China especialmente cuidada para los turistas o beneficiada del esfuerzo de sus habitantes en un marco capitalista, pero no vemos por ninguna parte ni atisbos ni símbolos del comunismo. Al contrario, en el hotel en el que nos hospedamos se celebra una convención de Ikea que no sólo fabrica aquí, sino que está imponiendo su modelo comercial. Por cierto, esta noche cenan barbacoa en el jardín.

Zhejian Hotel, 8:47pm hora local

 

12.08.06 Hangzhou - Shanghai

Tenían razón. Las guías tenían razón.

Entre los chinos que viajan que no deben ser todos sino una parte pequeña, el tren se usa para trayectos cortos mientras que los largos se hacen en avión y por eso llevan poco equipaje. Fue un acierto mandar las maletas con antelación.

Los trenes chinos no son tan modernos como lo que hemos visto hasta ahora hacía suponer. No están mal, pero no llaman la atención; al contrario que la nueva estación ferroviaria de Shanghai que es otro delirio arquitectónico. Parece un aeropuerto redondo.

Hemos llegado a la mayor ciudad de China con 17 millones de habitantes y su motor económico -o mejor dicho, su principal motor económico porque China tiene muchos-. También está dividida por un río, el Huangpu.

El tráfico es algo más ordenado y algo más denso y el hotel al que llegamos otra modernidad. Pasaremos los últimos días en China en un piso 23. Volvemos a ver una ciudad de avenidas y rascacielos y nos llama la atención, como bienvenida, que para alcanzar el puente Nanpu para ir al lado de Pudong giraremos dos vueltas completas a un scalextric subiendo y subiendo.


La guía que nos ha acompañado está ahora en su ciudad y se ha espabilado de pronto, proponiéndonos un programa completo para nuestra estancia aquí.

Esta tarde, después de comer en un Pizza Hut subterráneo vamos al famoso Copy Market que todos los que han estado aquí antes nos han recomendado para las compras de falsificaciones. Debió ser impresionante el mes pasado, antes de que lo derribaran por cuestiones de seguridad. Ahora es un solar rodeado de vendedores que te intentan llevar a viejas casas que ahora hacen de tiendas.

Visitaremos algunas, pero la decepción es fuerte. Estas casas pequeñas de tres pisos llenas de gente entre vendedores y clientes imponen un poco. No creo que nos hubiéramos atrevido a entrar de no ir con la guía. El ambiente no ayuda a hacer compras y mientras otros se animan, nosotros esperamos en un Starbuck café que también les encanta a los chinos.

La visita al malecón del Bund es muy interesante. De este lado del río edificios de los años 30 muy del estilo norteamericano, con edificios oficiales y hoteles de prestigio histórico. Del otro lado del río un skyline como el de Manhattan, con la torre de comunicaciones -la Torre de la Perla Oriental, y la del hotel Hyatt de 88 pisos. Está lleno de chinos que nos miran con curiosidad.

Ha anochedido mientras tanto y ahora toca el paseo en barco por el río para ver mejor ambas orillas. Debe ser un paseo muy popular porque hay largas colas de chinos y varios barcos que zarpan cada pocos minutos. El paseo se nos hará corto, más arriba y más abajo de esta zona central hay industrias, astilleros y el puerto y no tiene interés turístico y menos de noche.

La última atracción de la noche es el rascacielos Jinmao, el más alto de Shanghai, que tiene un acceso especial para subir al mirador del piso 88 y donde los chinos forman interminables colas para ver la ciudad desde lo alto a cambio de unos 5 euros. A la vista de ello y de la hora cercana al cierre nos volvemos al hotel sin subir. Lo intentaremos más adelante.

Cenamos enfrente, en un McDonald's por fin. El menú Big Mac cuesta aquí 1,6 euros, tres veces menos que en España y mi curiosidad por la altura de los urinarios queda saciada. Se ha impuesto la globalización y hay uno de altura occidental y otro para niños -o para chinos bajitos-. La gente también nos mira.

Four Points by Sheraton Shanghai Pudong, 9:36pm hora local

 

13.08.06 Shanghai

Esta guía es un lince. Nos ha organizado el tiempo sí o sí; así que el que diga que 20 años no es edad para ser guía se equivoca.

El día empieza tarde y alguien protesta por esa pérdida e tiempo, pero acabará harto de tanto jardín. como casi todos.

El primero en visitar es el Jardín Yu. A estas alturas, lo que más nos gusta de este jardín es el mercadillo que encontramos a la salida.

Nos pasará lo mismo con la visita al Templo de los Budas de Jade. A estas alturas ya no nos impresionan ni los templos ni los budas por muy de jade birmano y viejo que sean.

Después de comer nos dejan en la Plaza del Pueblo, nombre que evoca tiempos revolucionarios pero de los que no quedan ni rastro. Sólo el pueblo chino disfrutando de los lugares públicos. Preside la plaza el Museo de Shanghai que visitaremos como propina en nuestro día extra en China.

Cerca queda la calle Nanjin, una "Gran Vía" comercial, llena de tiendas y luminosos y llena de chinos paseando porque resulta que hoy es Domingo. El calor y el cansancio, y sobre todo la falta de curiosidad nos aparcan en un Haagen Das a la espera del resto del grupo.

Hace mucho que no me quejo del calor. No es que haya dejado de hacerlo, aquí también nos empapa la humedad. Es que me he acostumbrado a estar mojado todo el día y a sentir escalofríos cuando entro en un local con aire acondicionado.

Nuevamente en el bus para ir al teatro a ver un espectáculo de acrobacias. A mi me parece fabuloso y me hincho a hacer fotos a pesar de las prohibiciones que nadie hace respetar. Me resulta más distraído que la Ópera de Pekín a pesar de durar más tiempo.

Queda la visita al barrio francés, lugar de cenas y copas, pero ya no podemos más y nos retiramos al Hotel. Esto será la visita que nos queda pendiente para cuando decidamos regresar a China.

Four Points by Sheraton Shanghai Pudong, 10:13pm hora local

 

14.08.06 Suzhou

Las fuerzas van tocando a su fin, pero lo peor es que se está agotando nuestra capacidad de sorprendernos.

Sin embargo traemos recuerdos que vamos digiriendo poco a poco. Por ejemplo la marcialidad de los chinos en general. Sean militares o civiles, suelen caminar en fila con el jefe delante; o formar al estilo militar. Siempre está claro quien es el jefe.

Los guardias de tráfico, o los que vigilan algún edificio se colocan sobre unos pequeños pedestales de no más de 15 cm. y casi siempre firmes. Es curioso que en algún aeropuerto, para el cacheo con ese detector de metales de mano te hacen subir a uno de esos pedestales.

Tengo la sensación que es una virtud que les ha quedado de otros tiempos menos libres, pero que utilizada con sentido común es otro punto a su favor.

Hoy vamos a Suzhou, la Venecia de Oriente según Marco Polo. Iremos en tren, ahora casi un cercanías por mucha primera clase, que aquí llaman "asiento blando", que sea.

Sigue nublado de humedad, sigue el calor sofocante. Hacemos el viaje para ver un jardín precioso, el de los Administradores Humildes. Humildes pero forrados de pasta porque para vivir aquí hace falta pasta y el buen gusto que da la pasta.

Bueno, y ya está. Ahora hay que rellenar el día: Un paseo en barca por el canal imperial y por otros canales que nos llevarán al centro viejo de la ciudad, donde se rodó la película
"Pabellón de Mujeres" de Ho Yim. Seguramente será la ocasión en que más cerca hemos estado de la China real, tradicional. Bastante mugre y bastante pobreza. Sin embargo en este paseo veremos varias barcas municipales limpiando los canales.

Es el último día que comeremos chino y hacerlo con palillos ya está dominado... más o menos. Vuelve a sorprender que pareciendo que comemos lo mismo, cada día es diferente.

Hay que rellenar la tarde, así que visitamos la antigua muralla y otro parque que es presidido por su correspondiente pagoda. Psi, ya estamos hartos de jardines, pagodas y templos. Por aquí pasamos sin pena ni gloria, cuestionando si hemos hecho bien en venir a Suzhou.

Vuelta al tren, más cutre que el de la ida, con dos pisos y todo. El trayecto incluye un espectáculo, el de una empleada de los ferrocarriles que intenta vender -con una extensa y acrobática demostración- un bolígrafo luminoso y una peonza atómica que no para de girar y girar.

Y ahora empieza lo bueno, se organiza una cena de despedida que se pretende en el piso 86 de la famosa torre Jinmao, pero como no hemos reservado tenemos que conformarnos con cenar en el grill del piso 56 -casi un deshonor, si no fuera por la magnífica carne australiana-. La copa sí la podremos tomar en el piso 87, donde hay una especie de pub (con las vistas sobre Shanghai muy mal aprovechadas) y al que para llegar hay que ser el prota de "Misión Imposible".

Despedidas, intercambio de tarjetas, números de teléfono, etc. Mañana el grueso de la expedición regresa a casa por la mañana. Nosotros tenemos el vuelo por la noche, así que tendremos un día de propina en Shanghai.

Four Points by Sheraton Shanghai Pudong, 11:57pm hora local

 

15.08.06 Shanghai

Un día raro este último de nuestro viaje. Por una parte con ganas de regresar a casa y por la otra de disfrutar de este día de propina que nuestros compañeros de viaje no tienen.

Y, ¿qué hacer hoy?. Bueno, pues algunas compras que quedaron pendientes y una visita tranquila al Museo de Shanghai.

Nos fuimos a los alrededores de los Jardines Yu y no tuvimos que movernos más. Nuevamente la eficiencia comercial china nos surtió de todo cuanto necesitábamos. Es más, salimos de allí con mucho más de lo que necesitábamos, agotando todo el dinero en metálico que llevábamos e incluso algún pase de tarjeta.

Mientras comíamos he estado pensando en que el pueblo chino es alegre, caminan con fuerza y con un espíritu envidiable hacia el futuro. Les gusta la vida occidental y la empiezan a poder disfrutar. Es posible que esto sólo suceda en las grandes ciudades como esta, pero está pasando y... sonríen. Es un pueblo joven, cada vez más formado y abierto. Tienen fuerza como grupo, no son nada decadentes, y sonríen.

Nunca nos hemos puesto en peligro, pero la seguridad ha sido completa o al menos lo ha sido la sensación de seguridad. Es cierto que muchos miran hacia mi cámara, cosa que me sucede en muchas otras partes, pero aquí veo curiosidad más que codicia.

Nos hemos sentido, siempre, muy a gusto y en muchas ocasiones excesivamente bien tratados. Podría parecer servilismo, pero yo veo más espíritu y vocación de servicio, asumido con respeto y amabilidad. Lo cierto es que ha sido muy agradable y me que quedado con la sensación de que he estado rodeado de un pueblo que sabe y valora el respeto y la buena educación.

Es cierto que hemos oído expectorar y escupir, pero con mucha menos frecuencia que lo esperado y con el frontal rechazo de los más jóvenes.

De ahí a la Plaza del Pueblo para visitar el Museo. Es una verdadera pena que no lo incluyan en las visitas turísticas. Me decía la guía cuando nos acompañaba al aeropuerto que ni se lo plantean porque a los españoles no les gustan los museos... que lo que nos gusta es ir de compras...

El Museo de Shanghai es una maravilla. Un edificio moderno, limpio, funcional, bien montado y bien iluminado. Y es también una delicia para los fotógrafos porque salvo en una exposición temporal procedente del British Museum, en el resto se puede fotografiar a placer, incluso con flash en alguna sala.

Está lleno de vigilantes que apenas tienen trabajo porque tanto nacionales como extranjeros respetan las indicaciones. Parece que si hay pocas prohibiciones la gente se comporta mejor.

La limpieza es constante también aquí. Hay una persona que permanentemente limpia los cristales de las vitrinas por si alguien ha dejado sus huellas. No sorprende ya, después de tantos días en China. Uno está habituado a tener problemas en el momento de tener que tirar una colilla en la calle.

Se está fresquito en el Museo mientras se repasan colecciones de esculturas, bronces, jades, porcelanas, caligrafía, pintura, muebles y trajes. Desde la prehistoria hasta la dinastía Quing hay obras en este museo. Más que recomendable.

Regreso al hotel, transfer al nuevo aeropuerto de Shanghai y nos espera una noche larga que con suerte pasaremos durmiendo.

Han sido muchos días, estamos cansados y tenemos ganas de llegar a casa. Pero estamos contentos, satisfechos y orgullosos de haber estado aquí. Nuestra visión de China ha cambiado. ¡En qué estará pensando Fidel Castro!

Aeropuerto de Shanghai, 10:21pm hora local

 

Nota: Estas impresiones sobre el viaje a China fueron originalmente publicadas en este blog.