Cuba

Entre finales de Septiembre y principios de Octubre de 2005 viajé a Cuba con la compañía de un pequeño grupo de fotógrafos amigos y miembros de OjoDigital. Una selección de las más de 2.000 fotos que traje de vuelta a casa conforman una de mis galerías. Estas son mis impresiones.

Cuba es uno de los destinos que más se pueden recomendar desde el punto de vista fotográfico. No es un país exótico, pero si verdaderamente peculiar. Sólo La Habana ya vale la pena por sus edificios, nuevos y ruinosos, sus barrios históricos o sus barrios-jardín, el Malecón, sus mezcla de historia española y revolucionaria; pero, como en toda la isla, su gran patrimonio es la gente.

Una gente amable y abierta, que se alegra al ser fotografiada y posa de forma natural, mientras se entabla un diálogo franco y lleno de curiosidad, algo que choca en los primeros momentos.

El resto del país tiene algunos paisajes de montaña y de costa que valen mucho la pena, así como algunas ciudades especialmente fotogénicas como Cienfuegos o Trinidad.




25/09/2005 La Habana

Antes de comentaros mis impresiones de este primer día en Cuba, tengo que escribir unas pinceladas de la llegada la tarde anterior.

Recuerdo algunas cosas que me impresionaron especialmente, como el largo sobrevuelo de Cayo Hueso en Florida, como una despedida prolongada de un modo de vida.

También el verde de Cuba, tan uniforme, tan tupido, tan húmedo, tan verde mientras nos aproximábamos al aeropuerto José Martí de La Habana.

Un golpe de belleza en las mujeres que divisamos en el interior del aeropuerto, incluso con sus uniformes policiales o de aduanas, una belleza natural, fresca, sincera.

Y finalmente, el golpe de calor al salir al exterior en busca de la primera puesta de Sol, fallida pero ilusionante.

Un calor y una humedad que empañaron mis gafas y una buena parte de los objetivos de nuestras cámaras. Quizá no estaban preparadas para lo que les esperaba.

El primer día fue para nosotros un día de profundo cambio y fuimos afortunados de que así fuera. Porque empezamos como unos típicos turistas, viendo las cosas con una cierta distancia, comparando con el lugar de donde veníamos y disfrutando de las cosas como espectadores.

Hubiera sido un error continuar con esa actitud, pero el almuerzo de bienvenida que nos ofreció Odalys y el paseo tanto de ida como de vuelta desde nuestro Hotel a su casa nos permitió conocer la vida real de los cubanos y compartir con ellos los primeros sentimientos y las primeras sensaciones que fueron intensas gracias a nuestra afición a la fotografía.

Tengo la sensación de que recibimos más cariño del que fuimos capaces de dar y empezamos a sentirnos cerca de las personas, confiantes y confiados.

De ahí a empezar a llenar las tarjetas de memoria de las cámaras con sonrisas fue un paso....



26/09/2005 La Habana

Así como ayer fue un día de veloz adaptación, hoy ha sido el día de las afirmaciones.

"El cuarto de Tula" se convertirá en el himno de nuestro grupo y lo vamos a seguir pidiendo allá dónde un conjunto musical nos permita una sugerencia.

También hemos llegado al convencimiento de que tenemos tres posibilidades de refrescar nuestras gargantas: la cerveza Bucanero, fuerte y tostada, con una lata de lo más bonita; la cerveza Cristal, más ligera y menos alcohólica y la combinación de cualquiera de ellas con una gaseosa con sabor a limón de la omnipresente marca de refrescos "Ciego Montero".

Con algunas concesiones al vino, normalmente español, y a los mojitos o los daikirís, vamos a beber mucha cerveza en este viaje, mucha.

Mi sueño de fumarme un habano en Cuba lo satisfice tras la comida del Patio. Fue tanta la presión de los vendedores de cigarros falsos que entré en una tabaquería oficial y pagué un precio español por un Montecristo similar al nº 4. Pero valió la pena, estaba fresco y me pareció delicioso después de la langosta, los camarones, el pargo y viendo la plaza de la Catedral desde aquel balcón privilegiado.

La siguiente afirmación fue decepcionante. La famosa Bodeguita de Enmedio tiene un aspecto lamentable, como de tela de araña para atrapar turistas desinformados. Ni una buena foto se llevo la pobre...

Nuestro último ramalazo de turistas auténticos fue la visita al mítico Restaurante La Floridita. Había que hacerlo y yo me pregunto ahora qué vida tan intensa habrá llevado Hemingway para habernos dejado tantas huellas y tantas dudosas famas a lo ancho de este mundo.

Creo, por otra parte, que estando en La Habana, poder entrar en La Floridita marca una distinción social y económica. Yo me sentí privilegiado entonces pero me avergüenzo un poco ahora.

Todos mis compañeros de viaje han sentido una especial atracción por el Malecón. Yo, sin embargo una vez visto, creo que ha debido tener épocas mejores porque del lado de tierra el paisaje urbano es desolador pero en obras (y eso le quita el encanto del abandono), mientras que del lado del mar, vemos una bahía abierta y sosa mientras que el Malecón mismo me parece bastante insulso, con su construcción maciza y lisa.

Y una reflexión fotográfica para terminar. Creo que la sesión fotográfica que les hicimos a las chicas que celebraban la fiesta de Los Quince no dio el resultado merecido y no se podía pedir más al lugar, el atrezzo, la situación y las modelos. Creo que debemos reflexionar sobre ello porque no he visto ningún fotón de ese momento y debería haberlo habido.



27/09/2005 Viñales

Cuando parecía que empezábamos a dominar la situación comienza el "tour" y tenemos que acostumbrarnos a algunos cambios.

El grupo tiene un nuevo miembro, Abilio Toledano, nuestro chofer y guía, un tipo majo, cariñoso y atento. Junto con Miguel, nuestro líder, consiguen tras una mañana de gestiones el monovolumen amplio que vamos a necesitar para transportarnos a nosotros y a nuestros equipajes.

Por otra parte, hoy nos separaremos para dormir y eso nos traerá un poco de estupor y desconfianza. Mañana nos contaremos unos a otros los detalles de nuestros respectivos alojamientos.

Hoy hemos disfrutado de la naturaleza, del verde que cubre toda la tierra y del azul del cielo adornado con nubes de algodón. Entraremos en contacto con las feísimas auras tiñosas, tan abundantes en campos y ciudades. Tomaremos el baño en el Río San Luis y nos caerán unas gotas de lluvia. Seguiremos con el arroz y los frijoles, con carne de puerco o pollo, de esta rara raza que no tiene pechugas.

Disfrutamos como locos de una preciosa puesta de Sol y nuestra primera salida nocturna mostrará a las claras nuestra inferioridad ante el son, la bachata, la rumba o cualquier ritmo caribeño. Acabado el mojito, acaba la excusa para permanecer allí. Sencillamente, estamos fuera de lugar.

La Casa de Don Tomás será el restaurante más penoso que jamás visitemos en nuestro viaje. Sencillamente desabastecido y rendido. Ni los que aceptaron la especialidad de la casa, una especie de arroz "ropa vieja", ni los que intentamos escaparnos con el cóctel de camarones (servido en una copa minúscula, como de la Srta. Pepis), salimos satisfechos.

Alguien preguntó:

- ¿Qué trae la ensalada mixta?
- Trae pepino
- ¿Y qué más?
- Sólo pepino, se nos ha terminado todo lo demás

Compré unos puros a un guajiro y tras la cena "de régimen" me fumé el primero. Maribel salió a tomar el aire, le pido disculpas desde aquí.

 




28/09/2005 Cienfuegos

Este día, al menos para mí, fue uno de los más intensos de nuestra estancia. El madrugón mereció mucho la pena. Ver amanecer sobre el Valle de Viñales brumoso es un espectáculo impagable y estoy muy satisfecho de la inmensa panorámica que pude obtener. Estoy deseando imprimirla.

Tengo que confesar que el hecho de que una parte del grupo quisiera dormir un poco más ("la noche me confunde") y que hubiera que esperarles por la mañana a que hicieran sus fotos sociales, me molestó bastante. Como soy un turista al uso, me supo mal no ver las atracciones que nos tenían preparadas, pero qué le vamos a hacer. El grupo es más importante que las individualidades.

También me sorprendió la cantidad de gente que iba y venía por las calles a aquella primera hora de la mañana, especialmente los escolares que hacen algún rito en la plaza principal, todos uniformados, limpios y contentos.

Una mención aparte merece el sastre que ideó el uniforme de las chicas. Ese pantaloncito tipo short con esas tablas delante y detrás que le hace parecer una minifalda. Y merece una felicitación porque es un portento de patronaje, sienta bien a todo el mundo y no es tarea fácil pues los cuerpos de los 5 años tienen poco que ver con los de los 15.

El viaje hacia la Ciénaga de Zapata fue pesado, a pesar de que el paisaje merece la pena contemplarlo horas y horas y que durante la mayor parte del tiempo discurrimos por una autopista, algo bacheada, pero bastante buena. Nos llamó la atención, también, que no hay señales de dirección apenas y hace falta ser un experto para orientarse y tomar la dirección adecuada. Abilio lo era, por su época de conductor de autobús, pero en ocasiones dudaba o incluso se equivocaba.

La llegada a Playa Larga y el tiempo de espera por la comida fue fantástico. Descubrimos la playa tropical, con las palmeras cerca de la orilla y esa arena tan blanca. Las raíces del manglar rojo tiñen el agua de la orilla de ese color y mi primera impresión fue que era el óxido del barco allí varado lo que manchaba el agua.

Por cierto, aquel barco hizo mis delicias porque los barcos varados, así como los cementerios, son dos de mis fijaciones fotográficas. A este le hice una buena sesión, hasta me metí vestido en el agua para tomar fotos desde ella hacia la tierra.

Me llamó la atención una casamata y unas fortificaciones defensivas militares que había en la playa. Mi imaginación me llevó a la fallida invasión de Bahía Cochinos y el barco encajaba en la historia, pero, para mi desilusión, llevaba allí sólo unos diez años.

La langosta que nos ofreció Fidel, no nos sorprendió mucho porque no era la primera, pero el cocodrilo sí levantó expectación. Es una carne con la textura y el color del lomo de cerdo, pero con un sabor más parecido al pollo. Curiosa, pero entiendo que no esté en las cartas de los restaurantes franceses.

Tras la tardía comida, llegó el turno de que nos comieran a nosotros. Aquel atardecer mirando el mar y viendo ponerse la tarde nos atontó tanto que los jejenes, unos insectos muy pequeños, redondos, como de 1 mm. de diámetro, se cebaron con nosotros.

Por lo visto pican varias veces cada uno y yo que no me puse ninguna protección sufrí un montón de picaduras en las piernas y en las manos. Por cierto, un mes después todavía distingo las marcas.

El veneno que inoculan y para el que no estaba preparado, me provocó una inflamación considerable y cualquier roce me hacía sangrar. El picor, terrible.

Sinceramente, la puesta de Sol no fue gran cosa. Miguel tenía razón. Pero como la teníamos a dos bandas y estábamos borrachos de espíritu fotográfico surgió la discusión amistosa y el reproche humorístico.

La llegada a Cienfuegos, por aquella avenida tan señorial, bajo la lluvia, llena de reflejos fue también memorable. Nuestra casa, la primera, debió ser estupenda en su época, pero ahora dejaba bastante que desear. Un recuerdo especial a la tapa del inodoro en plástico acolchado imitando el dibujo de las telas de Damasco, los cables eléctricos y sus empalmes al aire y el agua de la ducha en forma de gotas en rápida sucesión, no llegaban a chorrito. Un paseo nocturno antes de la cena nos llevó a la plaza de José Martí. Se nos despertaron los instintos fotográficos para el día siguiente.

Nuestra casera nos advirtió de la necesidad de que, al regreso, nuestra chica tuviera documentación. Creo que algo hicimos diferente durante el viaje...



29/09/2005 Cienfuegos-Trinidad

Ha sido un día de tomarnos las cosas con tiempo y disfrutar de la música, los músicos y algún trago que otro.

Miguel y yo madrugamos de nuevo para recorrer Cienfuegos con el bullicio de la primera hora de la mañana. Mala luz, pero muchas fotos.

La plaza José Martí durante la mañana es una delicia, un oasis de restauración en medio de un desierto de decadencia y nos llaman mucho la atención los carros de pasajeros tirados por mulos que tienen paradas fijas, recorridos establecidos y son muy usados por la población. El billete cuesta 1 peso cubano y cargan 8 o 10 pasajeros. Los veremos por toda Cuba, pero no tanto como aquí, probablemente por el tamaño de la ciudad.

La larga parada en el Palatino (que en tiempos de la presencia española y hasta la Revolución se llamó "El Jerezano") fue de lo más agradable. La charla con los músicos y especialmente con el director del grupo (todos los grupos tienen un director, un líder claro) nos llenó mucho. Ese rato dio para buenas fotos.

Todos sueñan con una gira por Europa y estoy seguro de que algunos tendrían éxito porque son músicos verdaderos, formados y con sentido innato del ritmo y la melodía.

El largo paseo por el Prado hacia el Palacio de Valle fue agradable, pero agotador. El Sol y el calor del mediodía acaba con mis fuerzas y hacemos un alto para inyectarnos en vena un par de "bucaneros". Allí nos reunimos con el grupo y con Abilio que nos busca con la furgoneta.

Nuevo contacto con el mar, pero las vistas hacia tierra tienen todas la marca de las chimeneas humeantes de alguna industria o central eléctrica.

Comimos en el Palacio Valle, pero tardísimo ya que lo recorrimos primero, nos perdimos entre sus corredores, subimos a la terraza, escuchamos música, bebimos un sucedáneo de mojito que venía incluido con el billete para visitar el palacio y que no sirvió para reparar la silla que Txaro se cargó con mucha elegancia. En la foto se ve al fondo la humareda eterna.

La sobremesa con Carmen Iznaga fue probablemente lo más impactante de nuestro viaje. Carmen es un personaje, todo un personaje; con una vida tan intensa en el glamour como limitada y triste en el presente. Como una reliquia viviente de un pasado esplendoroso, o al menos esa es la sensación que nos dio o nos vendió. En cualquier caso estábamos predispuestos a disfrutar de ello.

Hoy ha sido el santo de Miguel y el trago de ron al que nos ha invitado a todos junto con Carmen, nos sentó estupendamente.

Esta foto que pongo de Carmen Iznaga no es la mejor técnicamente hablando, pero es la que tiene una expresión más fiel a la que yo recuerdo, siempre entornando los ojos coqueta y seductora. Todavía resuena en mis oídos como me llamaba: "¡Gorrrdo!".

A pesar de la lluvia, el viaje hacia Trinidad vuelve a ser muy agradable, rodeados de naturaleza por un lado y del mar por el otro. Llegamos de noche y yo no acompaño al grupo en su salida nocturna. Estoy cansado, hoy he caminado mucho y es uno de los días en que más fotos he hecho. Miguel y yo compartiremos casa y baño en los próximos tres días. Mario, nuestro casero, nos revelará algunas pistas sobre las clases sociales cubanas.



30/09/2005 Trinidad

Dudo un poco sobre si debo escribir sobre este día o me dolerá y debería seguir descansando.

Estoy convencido de que aquí hubo un fallo técnico en la organización del viaje. Es cierto que la mayoría del grupo está en buena forma física y está habituada a las caminatas o las marchas de montaña. Yo definitivamente no.

Pero allá que nos vamos a Topes de Collantes, en plena sierra de Escambray, llegamos a aquel parque natural y tras levantarnos 6,5 cuc a cada uno (6 euros "del ala") nos vamos decididos hacia el valle, sin darnos cuenta de que las cifras de distancia y desnivel que nos dan, son una verdadera animalada. Vamos, como para no ir.

El camino hacia abajo, es largo y duro, pero se consigue sobrellevar. La pendiente descendente ayuda mucho. No obstante yo llegué abajo derrotado y sin respiración y con la presión de hacer las fotos reglamentarias que para algo habíamos ido. Tropezones, resbalones y caídas están a la orden del día. Maribel me salvó la crisma pues de un traspiés la embestí y me resistió. Gracias, hoy es el primer día del resto de mi vida.

La cascada y el río no son gran cosa fotográficamente hablando, está todo muy desperdigado y no consigo ninguna foto de la que me sienta medianamente satisfecho.

No me baño porque me hubiera ahogado sin ninguna duda, por falta de respiración y de pulso cardiaco.

Pero hay que volver. ¡Dios mío que penoso!. A Maribel se la lleva la mula tras el primer tramo de subida, el peor. Yo que llevo pensando en mi destino desde que venía bajando animo a los que vienen haciendo de coche escoba para que suban a su ritmo. Yo sé que llegaré arriba y llegaré vivo; de lo que no estoy seguro es de si haré noche en la montaña o llegaré antes de que salgan en mi busca los equipos de rescate, la policía y el ejército.

Recuerdo haber pasado mucha sed. Voy transpirando a litros desde la bajada, estoy completamente empapado en sudor. Luego descubriré que el cinturón de cuero que llevo puesto, también se ha empapado y está tiñendo de marrón toda mi ropa, hasta la interior.

Durante la subida bebo toda el agua que encuentro, incluso en el cortado por donde gotea el agua, la recojo con las manos y la bebo con paciencia.

No imagináis la alegría que me dio ver venir a Miguel cuando me faltaba un tercio de subida. Alegría que aumentó cuando sacó de su bolsa una botella de agua y una lata de gaseosa. La botella fue directa a las células, creo que no tocó las paredes del esófago.

Empiezo a subir acompañado y al poco el hombre de la mula aparece para recogerme. ¡Qué lujo!. Miguel me salvó la vida de nuevo porque subí a la mula con tanto ímpetu que me fui por el otro lado.

Antes de llegar al barcito que hay arriba compuse mi figura temeroso de que las cámaras me inmortalizasen en situación tan penosa. Lo único bueno del día fue el rato que pasamos rehidratándonos en aquel kiosco hecho de troncos.

La tarde, a pesar del cansancio, nos va a deparar una maravilla: descubrir Trinidad. Me separaré del grupo que se ha parado y he perdido de vista. En la plaza de la iglesia me encontraré con Miguel que también va solo.

Nos sorprende un chaparrón y tenemos la suerte de refugiarnos en un restaurante donde conocemos a un dúo con el que charlaremos largo y tendido y con el que quedamos para el día siguiente para hacerles las fotos de su próximo "Si Di".

A la carrera volvemos a casa de Ramonita donde nos esperan para la cena. Hoy tampoco saldré por la noche, pero otros lo harán y sondearán el ambiente para su gran noche triunfal de mañana.



01/10/2005 Trinidad

Bueno, un día de descanso.... más para unos que para otros.

La mañana se ha levantado soleada y brillante. No hemos madrugado mucho y nos vamos a la playa, aunque Miguel y yo iremos a dar un vistazo y regresaremos a Trinidad. Preferimos las fotos en la ciudad que el descanso en la playa.

Playa Ancón es una península alargada muy próxima a Trinidad. La pueblan algunos hoteles de "todo incluido" y algunos lugares para los cubanos; y en uno de ellos nos tomaremos la primera bucanero del día.

De regreso a Trinidad, Abilio nos dejará en la estación del ferrocarril, donde sestea un viejo tren de vapor que hace (o hacía) un recorrido turístico por el Valle de los Ingenios, otro lugar turístico de la zona. Por lo visto, el ferrocarril se construyó en esta zona de Cuba durante la colonia española antes de que se construyera la primera línea en España con el objeto de transportar la caña de azúcar y sus derivados.

Regresamos a Trinidad y comienza nuestro lento caminar foto arriba y foto abajo. Llegaremos pronto al centro del pueblo y visitaremos el Museo de la Lucha contra los Bandidos que recoge fotos, documentos, objetos, mapas y maquetas del periodo de lucha de los revolucionarios, instalados en el poder, contra los anticastristas financiados desde Miami y que poblaron la Sierra del Escambray.

Una visita interesante que nos libra del primer chaparrón. El cielo se ha cubierto de nubes negras que pasan veloces dejando la ciudad mojada, un encanto más que podemos disfrutar en los ratos en los que el Sol vuelve a aparecer.

Miguel y yo tomaremos unas cervezas a mediodía, en un bar-restaurante donde nos encontraremos a Paco y a Horhe un rato después. Comeremos una hamburguesa y llegaremos a la Casa de la Trova para tomar café.

No hay café; tampoco hay clientes. Los miembros de un grupo musical -que debería estar tocando pero no lo hace por falta de público- se ofrecen a facilitarnos el ansiado café. Así ocurre, sigue diluviando, pero nosotros hemos encontrado el lugar donde pasar la tarde.

Pasan los músicos y pasan los mojitos o los tragos de ron. Llegarán las chicas y seguiremos oyendo música y tomando. Se llenará el local, Paco y Horhe están en su salsa, ya conocen -y nos presentan- a sus amigos. Llegarán también Sara, su amiga y sus chicos. Parecemos una gran familia.

No es mal sitio este para pasar esta tarde lluviosa y desapacible.

Sin embargo, Miguel y yo dejaremos la Casa de la Trova para ir a nuestra cita con Rosa Nivia y Reinaldo Márquez, son los músicos con los que estuvimos ayer y a los que les prometimos volver para hacer algunas fotos que pudieran utilizar para las carátulas de su nuevo CD. Paco nos ha dejado su flash y hacemos algunas fotos.

Pero sobre todo, charlamos con ellos y con el marido de Rosa, que quiere vivir del mundo de la fotografía, busca un minilab, nos cuenta lo caro que es revelar fotos en Cuba. Aspiraciones, ilusiones, esperanza de que les den el permiso para salir de Cuba y hacer una gira por Europa. Esperan noticias de su empresario esloveno.

Se nos pasa el tiempo como una exhalación; tenemos que irnos. Hoy somos los anfitriones en la cena (durante nuestra estancia en Trinidad, cada día cenamos y desayunamos al día siguiente, en una de las tres diferentes casas en las que nos alojamos, para poder hacerlo juntos).

Llegamos tarde, pero son indulgentes con nosotros y nos vamos a comer este pargo de 12 libras que ayer pescó Mario con su barca. Lo preparará relleno de langosta y camarón pero seguramente nuestra tardanza lo ha dejado un poco seco. O será que hemos comido mucho pargo, mucha langosta y mucho camarón y no lo he disfrutado tanto como era de prever.

Mario tiene una barca y puede navegar y pescar en una franja cercana a la costa y plagada de pesca. Le acompaña su hijo y un marinero. Esa actividad y el alojamiento de turistas le permiten formar parte de una nueva clase social cubana: los que manejan el peso convertible y tienen un nivel de vida mucho más desahogado que el resto de la población, que malviven con alegría resignada sujetos al peso cubano y a la escasez y poca variedad de los economatos gubernamentales. Baste decir que el pago por el alojamiento y el desayuno de un día en estas casas particulares es superior al sueldo mensual de un médico especialista.

Están sujetos a control gubernamental y pagan impuestos por sus rendimientos, pero con todo se nota que viven mejor que el resto. Es la rendija por la que se cuela el incipiente capitalismo.



02/10/2005 Trinidad-Santa Clara

Recuerdo que Paco y Horhe, como consecuencia de su hermanamiento con la población indígena y foránea aderezado con zumo de caña de azúcar fermentado, durmieron hasta el mediodía.

El resto salimos tarde de las casas, y Maribel y Txaro se quedaron en la estación del tren para hacer algunas fotos y regresar a Trinidad para recuperar el tiempo perdido -fotográficamente hablando- ayer en la playa y llenar sus tarjetas de la vida triniteña.

Antes de dejarlas, pararemos para ver un entierro que pasa a nuestro lado. Me llaman la atención los colores claros. La pena es la misma en todas partes, pero los colores son diferentes.

Miguel y yo visitaremos, con Abilio, el Valle de los Ingenios o Valle de San Luís. Llegamos a Manacas-Iznaga donde se alza la famosa torre que un indiano español construyó, cuenta la leyenda, de la misma altura a la que su hermano perforó un pozo.

En cualquier caso es un bello campanario, centro de una pequeña población y que nos ofreció unas vistas preciosas de un valle verde y frondoso. El día volvió a ser luminoso y brillante, con unas bonitas nubes de algodón.

A los pies del campanario bordan, y venden sus bordados, unas artesanas muy simpáticas y agradablemente agresivas. Miguel carga varias mantelerías y yo me compro la que pronto será mi famosa guayabera de lino.

De regreso paramos en un alto donde hay dos de las cosas que más nos gustan a Miguel y a mi: un mirador donde hacer fotos y un barcito donde tomar unas cervezas. En este además pueden hacer un guarapo -jugo de caña de azúcar- que combinarán con ron y que han triturado al momento. No está mal, pero es más antropológicamente curioso que otra cosa.

Saliendo de nuevo a la carretera, descubrimos un grupo de auras tiñosas disputándose los restos de un perro atropellado. Es la forma de acercarse a ellas y fotografiarlas a gusto. Tienen más hambre que miedo y toleran nuestra presencia.

Volviendo a Trinidad, comemos en casa de Ramonita y partimos hacia Santa Clara. Vuelve a caer la lluvia, como todas las tardes de los últimos días. El viaje será algo pesado, ya que volvemos a subir las cuestas de la Sierra de Escambray para cruzarla y llegar, del otro lado, a la capital de la provincia de Villa Clara.

Llegamos de noche y nuestro centro será la "casa de los médicos" desde donde nos reparten en 5 casas diferentes. Sólo Txaro y Maribel estarán en la misma casa.

Cenamos allí y nos retiramos a nuestras casas.... creo.



03/10/2005 Santa Clara - Los Cayos

Las playas del Norte son uno de los pocos atractivos de Santa Clara, a los que se unen el Memorial del Ché Guevara y el monumento al ataque al Tren Blindado, ambos fuertemente ligados a la Revolución.

Estos cayos no están cerca de la ciudad y requieren un recorrido de un par de horas para llegar allí. Al turista inquieto habrá algunas cosas que le llamarán la atención.

Para empezar, hay una especie de frontera al llegar a los cayos. Un policía dejará pasar solamente a los extranjeros o a los cubanos que vayan acompañando a alguno de ellos. Entramos en territorio "turístico".

Nos encontraremos también con una curiosa autopista. Es de peaje, lo que refuerza la sensación de estar en territorio capitalista, y va de islote en islote uniéndolos por puentes casi a ras del mar. Como esos islotes son bajos y planos, la sensación es casi como de ir flotando entre manchas azules de mar y verdes de vegetación.

Llegaremos a Cayo Santa María, donde nos espera un estupendo "resort" de la cadena Meliá, pero 50 cuc por pasar allí el día nos parece excesivo aunque incluya la comida y un espectáculo por la noche. Así que bajamos el listón y nos dirigimos a Cayo Las Brujas donde una bonita playa y un hotel más modesto, con una terraza y un bar estupendos, colmará nuestras necesidades.

Lo sorprendente es que este complejo es también de la cadena Meliá. ¿Cuántos más habrá en estos cayos del Norte?¿Cómo será en Varadero, Cayo Coco o cualquiera de los que aquí en España anuncian las agencias de viajes?

Uno piensa en ese otro tipo de turismo que viene directo a uno de estos complejos del "all inclusive", aterriza en el aeropuerto más cercano al hotel y pasa una semana larga sin ver Cuba, sin saber si está en México, República Dominicana o Jamaica. A lo mejor tiene suerte de conocer a alguna camarera o jinetera y puede cambiar palabras, o algo más, con algún cubano...

No obstante el inicial rechazo a este tipo de turismo, durante el tiempo que pasamos en Cayo Las Brujas llegué a pensar que sería agradable pasar aquí unos días con una buena compañía y dedicándose sólo a tomar el Sol, nadar en las aguas turquesas, comer, beber, y etc., etc., etc., lo que el cuerpo aguante.

El Sol es fortísimo y aunque sopla una brisa muy agradable, no estamos mucho tiempo ni en la arena ni en el agua. El baño es placentero aunque el agua viene un poco revuelta y pronto nos reuniremos todos en la terraza y, con un intermedio para comer algo, tomaremos refrescos y cervezas durante todo el día.

La puesta de sol despertará nuestros instintos fotográficos y nos dedicaremos a ella en cuerpo y alma durante un buen tiempo. De regreso a la furgoneta, caída la penumbra, una nube de mosquitos nos perseguirá y hasta entrará con nosotros en ella por lo que los primeros kilómetros del regreso los dedicaremos a exterminar a los molestos visitantes.

De regreso en Santa Clara, cenaremos juntos y cada cual hará lo que más le divierta. Yo me hospedaba en casa de Isis y Luís. Una familia que tiene un par de chavales y que vive de alquilar la habitación que ocupo. Isis dejó su trabajo de administrativa en un despacho de abogados cuando obtuvieron la licencia de alquiler. Luís sigue trabajando fuera de casa -más por guardar las apariencias que por otra razón- y es un enamorado del deporte que no sólo practica sino que lo archiva en álbumes con recortes de prensa, como el de Javier Sotomayor que me enseñó orgulloso.

Hablando con ellos en alguna de esas veladas me preguntaron cuántos hijos tenía yo. Les dije que tres y su pregunta me chocó mucho: ¿Todos con la misma mujer?

Todavía estoy pensando en la respuesta....



04/10/2005 Santa Clara - La Habana

Recuerdo que reservamos la mañana de este día para el auténtico recorrido turístico de Santa Clara que empezó con la visita al Mausoleo del Che Guevara, una extensa área con aparcamientos y una gran explanada presidida por un monumento grandioso dedicado al Ché más revolucionario que, en su interior, alberga una sala donde reposan los restos del Comandante, sus correligionarios cubanos y algunos revolucionarios que cayeron con él en Bolivia.

Es una sala de estilo moderno, donde no falta la llama perpetua y donde se exige y se presta un comportamiento respetuoso, rayano en lo venerable. Parece que un acuerdo entre los gobiernos de Cuba y Bolivia permitieron que, durante un tiempo limitado, el gobierno cubano excavara en la zona donde tuvo lugar el último combate en busca de los restos mortales del Ché y sus compañeros. A punto de finalizar el plazo, y con la ayuda de los lugareños, los encontraron.

La otra parte del Mausoleo aloja un museo con documentos, armas, pertrechos y efectos personales pertenecientes al Ché y a sus compañeros en la lucha en los diferentes frentes.

La utilidad de este inmenso lugar es triple. Por una parte, es un destino turístico; por la otra, es visitado continuamente por escolares de todas las edades y finalmente, acoge grandes reuniones de masas para celebrar actos y discursos de contenido político o patriótico.

A continuación visitamos el monumento al Ataque al Tren Blindado, un episodio bélico que permitió la conquista de Santa Clara y el avance definitivo de las tropas del Ché sobre La Habana.

Vimos escolares en el Mausoleo y vemos más aquí. La verdad es que da gusto verlos, tan limpios, tan uniformados, tan formales dentro de su natural carácter revoltoso...

Y otro paseo por el centro de la ciudad para recoger los equipajes ya que regresamos a La Habana. El tour se acaba y tenemos que darnos prisa porque tenemos un tiempo límite para devolver la furgoneta.

Entramos por el túnel que cruza la bahía de La Habana por debajo del Castillo del Morro y la sensación es una mezcla de modernidad e historia, una sensación diferente a la que produce la Habana Vieja y el Malecón. Más auténtica, más viva y más real.

Llegamos al Hotel, nuevamente el Hotel El Bosque, y se produce una situación extraña que no he terminado de analizar. Parece como que el viaje ha terminado y cada uno va a su bola. Desaparece el grupo como tal y todos tomamos decisiones personales sobre qué hacer a continuación.

Así que, ante este desbarajuste, yo me uno a Miguel y a Abilio y nos vamos al centro a devolver la furgoneta. Un trámite largo y complicado ya que nos hemos excedido en el tiempo de entrega. Miguel lo solucionó con soltura y los tres nos damos un buen paseo por una zona de La Habana algo más pura que la parte que está entre el Capitolio, el Malecón y la ría.

Comemos una pizza y una cerveza mientras Abilio nos sigue ilustrando sobre Cuba, sus gentes y sus costumbres. Le dejamos marchar en busca de su mujer y seguimos caminando hacia los lugares emblemáticos: La Floridita, la calle Obispo, la plaza de la Catedral, la plaza de Armas y ya anocheciendo la plaza Vieja donde nos reuniremos todos.

Aquí nos deleitará con sus juegos de manos el famoso ilusionista del retrato de Miguel.

Cenaremos en el Restaurante que hoy ocupa el edificio de una vieja institución benéfica fundada y mantenida en el siglo XIX por una dama española de alcurnia y donde tocan nuestras amigas del grupo Ventus Habana.

El regreso al hotel nos regalará dos nuevas experiencias. Las fotos nocturnas del Capitolio y la carrera de cocotaxis, algo divertido donde lo haya.



05/10/2005 La Habana

Fue un día de lluvia, pero llovió por la tarde como es frecuente por aquellas tierras en esa época.

Sin embargo, por la mañana hizo un día de Sol con unas nubes negras que anticipaban la tormenta de la tarde pero que dieron su juego fotográfico mientras duró la luz.

Salimos todos del Hotel hacia la plaza de la Revolución, donde se levanta el Memorial José Martí y el Ministerio del Interior que ostenta en su fachada el famoso rostro del Ché con el lema "Hasta la victoria siempre" que se ha hecho tan célebre.

Como en ese momento teníamos diferentes intereses fotográficos, el grupo se dividió y quedamos en reunirnos de nuevo a las 2 de la tarde en el Hotel Nacional de Cuba.

Yo me dirigí al Cementerio de Cristóbal Colón y, de camino, cuando pasaba por la puerta del Teatro Nacional de Cuba, entablé conversación con un fisioterapeuta que trabaja allí. Le acompañé al interior y tuve la suerte de conocer sus bambalinas, los ensayos de danza, el montaje de tramoyas y sus dos salas. Un ambiente para mí desconocido y que me resultó muy interesante.

Llegado al Cementerio, disfruté mucho paseando por él, transportado a tiempos pasados, de tiempos coloniales a tiempos revolucionarios. Muchos recuerdos a España, sus emigrantes y sus tierras. Retazos de conversaciones con la gente con la que me cruzaba y una visita especial al monumento que mantiene la Sociedad Asturiana de Beneficencia acompañado por el capellán. Mi recuerdo a Bernardo, que lleva cuidando de este panteón desde hace muchos, muchos años.

Me resultaba muy llamativo ver panteones de ilustres españoles junto a las tumbas de famosos artistas cubanos y monumentos dedicados a personajes y grupos fallecidos por la Revolución.

No pude terminar la visita pues fui advertido por un vigilante de que unas personas me esperaban con malas intenciones. Naturalmente acabé en ese momento la visita y en taxi -bueno, un vehículo privado que por unos pesos convertibles te lleva a donde le digas- me dirigí al Hotel Nacional.

En su terraza esperé la llegada del resto del grupo y el diluvio que se desató nos tuvo presos toda la tarde. Comimos en la Cabaña, hicimos una larga sobremesa bajo la intensa lluvia y a última hora nos fuimos en taxi al "Dos Gardenias", un complejo con bar, restaurante y sala de baile.

Cenamos con vino chileno y tras la cena, la poca animación de la sala -estábamos solos- nos hizo desistir de más y regresamos al hotel.

Mañana será el día de nuestro regreso, pero tendremos toda la jornada para despedirnos de La Habana.



06/10/2005 La Habana

La diferencia de intereses que se manifestó a nuestro regreso del tour, sigue dividiendo el grupo durante algunas partes del día.

Hoy, nos dirigiremos todos hacia el centro pero unos se van de mercadillo (Maribel se lleva mi encargo de comprar una muñeca criolla para mi hija) y Miguel y yo daremos un paseo por la zona del Malecón que bordea la ría, el Castillo de la Real Fuerza, la plaza de Armas y tendremos el acierto de hacer una visita guiada al Palacio de los Capitanes Generales.

La guía nos mostrará la parte histórica, verdaderamente interesante, con un repaso a la colonia española, los diversos intentos de independencia, la intervención estadounidense y su influencia en la política cubana durante la primera mitad del siglo pasado.

Conoceremos a los capitanes generales que gobernaban aquí en nombre de la Corona española durante la larga presencia de nuestros antepasados, a los líderes de las guerras de independencia del siglo XIX y los presidentes del periodo republicano hasta la Revolución castrista.

Y recorreremos, también, la parte artística por las salas en las que se exponen los muebles y enseres que ocupaban este palacio en aquellos tiempos históricos.

Al salir, daremos un paseo por el mercado del libro de ocasión que se monta en esta Plaza de Armas, y Miguel encontrará un libro cuya traducción del alemán fue hecha por su padre.

Un par de cervezas en una terraza de la misma plaza nos sirve para tomar el pulso a la gente que pasa frente a nosotros, gente de todo tipo, el bullicio de una Habana que muy pronto vamos a añorar.

Hemos quedado con el resto del grupo para comer en una paladar de la Calle 23 y tomamos un taxi para ir allí. Pero el taxista no es un taxista corriente, es simpático y dicharachero, un portento para alargar las carreras a cambio de un poco de cultura y vida habanera en el límite entre lo turístico y lo costumbrista. La verdad es que fue una delicia y de no ser por nuestra cita con el grupo, estoy seguro de que seguiríamos recorriendo las calles de la Habana...

Las paladares son a los restaurantes lo que las casas de alquiler son para los hoteles. En teoría tendrían algo más de calidad -por aquello de la libre competencia- y algo menos de precio -por la misma razón-; pero no hay grandes diferencias en el balance global y la relación calidad/precio.

Hemos comido bien durante toda nuestra estancia, pero no ha sido nada barato; y sin embargo hemos notado las carencias y la falta de variedad, aunque quizá sea el contraste con nuestros hábitos.

Regresamos al hotel, recogemos los equipajes y esperamos al transfer que nos llevará al aeropuerto José Martí donde esperaremos nuestro vuelo de regreso, tras pasar los controles de inmigración y dejar los 25 pesos convertibles a mayor gloria del sistema, un sistema al que se le nota que trata al turismo como una fuente de ingresos. Como en todas partes, pero en la mayoría de aquellas lo disimulan y aquí lo notas con mucha intensidad.

El viaje de regreso, creo que gracias a lo adecuado del horario, lo pasé durmiendo y amanecí al mediodía de Madrid.

Ha sido una gran experiencia.



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Nota: Estas impresiones sobre el viaje a Cuba fueron originalmente publicadas en este blog creado por Paco Lozano (elbé) y posteriormente en el número 2 de la revista FotoDNG.